SANTA TERESA DE JESÚS

El primer monasterio que fundó fue el de San José de Ávila, en 1562, no sin sufrir una gran hostilidad por parte de sus vecinos e incluso por parte de la Iglesia. Estas vicisitudes las recogería en su Libro de las Fundaciones, donde además relata otras fundaciones que sucedieron a la de San José, así como recomendaciones a sus hermanas sobre la humildad y la obediencia. Podemos admirar su trabajo incansable, los desplazamientos por esos caminos pedregosos y polvorientos que no amedrentaban ese espíritu firme y totalmente entregado a la Providencia divina, puesto que Teresa ni contaba con recursos económicos propios ni con casas apropiadas para alojar a las hermanas. 

Apenas un año después de la fundación de San José de Ávila, se clausuró el Concilio de Trento, en 1563, que había sido convocado para contrarrestar la herejía protestante. Fue uno de los más importantes que se hayan celebrado y sirvió para fijar las principales doctrinas de la Iglesia, que habían sido atacadas por Lutero. Además, puso sobre la mesa los numerosos abusos que se estaban llevando a cabo dentro de la misma, no solo la venta de indulgencias, sino también la forma de vida del clero en general, tan alejada de los valores cristianos que debía promulgar. 

Se celebraron veinticinco sesiones a lo largo de varios años para concretar la posición de la Iglesia sobre varios temas: las Sagradas Escrituras como fuente de la Revelación divina, la justificación por la fe y por las obras, la presencia real de Cristo en la Eucaristía, la comunión bajo las dos especies,  la obligación de residencia de los obispos, los diezmos…En las dos últimas sesiones se trató el tema de la existencia del Purgatorio y la veneración de las reliquias y de los santos, así como la reforma de las órdenes monásticas. Especialmente en este último punto, santa Teresa de Jesús ya había tomado la delantera al iniciar la reforma del Carmelo. Contando con la aprobación del superior de su orden, fue fundando otros conventos repartidos por Castilla y Andalucía y, con la ayuda de san Juan de la Cruz, también doctor de la Iglesia, fundó otros conventos para religiosos. 

FRAGMENTO DEL ARTÍCULO PUBLICADO EN EL NÚMERO 0 DE LA REVISTA LAUS HISPANIAE

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