Sancho Dávila y Daza, el rayo de la guerra

Alberto Baena

 

Hijo de cristiano nuevo y comunero, devoto católico, leal, valiente y aguerrido. Se curtió en Alemania, Italia y África; en Flandes derramó sangre, se ganó el respeto de sus hombres y el temor de sus enemigos. Fue tentado por la reina de Inglaterra, mas jamás traicionó a su rey. Por los pecados de su estirpe sufrió el desdén del emperador, mas no así el de su amigo y camarada, el duque de Alba, que siempre le favoreció y aconsejó. Esta es la historia de un hombre que, como tantos otros españoles de su tiempo, buscó fortuna al servicio del rey y honor en la milicia.

Hijo de don Antonio Blázquez Dávila, hijodalgo y comunero que participó en el asedio de Fuenterrabía, y doña Ana Daza. Nació en Ávila el 21 de septiembre de 1523, siendo el menor de tres hermanos. Sancho quedó huérfano a los quince años, momento en el que tomó la vía eclesiástica, llegando a recibir las órdenes menores. A los veinte años, decidió partir a Roma y abandonar la carrera espiritual para ingresar como soldado en el Tercio de Álvaro de Sande, en el año 1543.

En 1545, durante el comienzo de las operaciones contra los protestantes alemanes, las fuerzas del emperador Carlos V en Italia se preparaban para cruzar el río Elba, pero un error de cálculo a la hora de disponer las barcazas para formar un puente flotante impedía el cruce de los imperiales. Fue entonces cuando el duque de Alba, a la sazón comandante de la fuerza, decidió apostar por una arriesgada operación: hacer cruzar a nado una pequeña fuerza a la orilla donde estaban las fuerzas del duque de Sajonia-Wittenberg, capturar algunas de las barcazas y llevarlas de vuelta. Para esta misión solo se sumaron diez soldados voluntarios, todos españoles, y entre ellos el bisoño Sancho Dávila. Los diez intrépidos soldados cruzaron a nado el río Elba con sus armas en la boca. Antes de llegar a la orilla contraria, los luteranos les divisaron y comenzaron a dispararles. Afortunadamente, lograron llegar a tierra y tomar las barcas. Gracias a esta maniobra, el 24 de abril de 1547 las fuerzas imperiales pudieron cruzar y derrotar a los rebeldes capturando al caudillo alemán, Juan Federico de Sajonia, en la batalla de Mülberg. Esto facilitó la disolución de la Liga Esmalcada y el arresto de Juan Federico, así como su renuncia a todos sus títulos y a ser elector en favor de su primo Mauricio de Sajonia-Meissen.

Tras este bautizo de sangre, cubierto de gloria y anécdotas de la gran victoria contra los protestantes alemanes, Sancho volvió a Sicilia al servicio del virrey Juan de Vega, VI señor de Grajal. Por aquel entonces el turco invadía con sus naves el Mediterráneo occidental, atacando las embarcaciones de los cristianos, asaltando poblaciones costeras, haciendo cautivos, etc. El reino de Sicilia era el escudo del Mediterráneo occidental junto con las costas orientales del reino de Nápoles, Malta y los presidios norteafricanos. Sin embargo, faltaba una armada gruesa que pudiera hacer frente a la turca, pese a los intentos de Carlos V por lograr un mayor número de galeras y atraerse a personajes de la talla del marino genovés Andrea Doria, por lo que se intentó llevar a cabo la conquista de Argel y Túnez, sin el éxito esperado. En ese momento, con la moral del Imperio elevada y con la Providencia a su favor, Carlos V ordenó emprender una acción de castigo contra Turgut Reis, más conocido como Dragut, en las costas tunecinas, y la conquista de Túnez. Para este efecto, se prepararon embarcaciones, víveres, pertrechos y soldados, entre los que se encontraba Sancho Dávila. El almirante Andrea Doria comandaría la fuerza naval y los virreyes Juan de la Vega y Pedro de Toledo las fuerzas terrestres de Sicilia y Nápoles

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