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ENTREVISTA

LUIS GORROCHATEGUI: «EL IMPERIO ESPAÑOL DESLUMBRÓ Y GENERÓ FASCINACIÓN Y ENVIDIA»

 

Javier Martínez-Pinna

Luis Gorrochategui se graduó en filosofía por la Universidad de Barcelona. Ha compaginado su labor docente con la investigación, publicando La Guerra de la Sirena. Nueva perspectiva de María Pita (2002), La Rebelión de los PIGS. La verdad oculta de la crisis y el saqueo del sur de Europa (2013), English Armada. The Greatest Naval disaster in English History (2018), Las derrotas inglesas en el Río de la Plata 1806-1807.Victoria decisiva en Buenos Aires (2018) y numerosos artículos y colaboraciones. Actualmente es profesor de filosofía en el IES Francisco Aguiar, de Betanzos. En esta entrevista conversamos sobre su libro Contra Armada. La mayor catástrofe naval de la historia de Inglaterra (Ministerio de Defensa 2011)

¿Cuál es el motivo que te llevo a escribir este libro?

Todo empezó cuando me puse a escribir una novela sobre María Pita. La empecé tres veces y me atasqué con la documentación, hasta que comprendí que no se podía escribir una novela sobre un hecho histórico que no estaba bien tratado por la historiografía. Comencé entonces a publicar por capítulos una crónica novelada centrada en el cerco de La Coruña, más ensayo que novela, y así nació La Guerra de la Sirena. Nueva Perspectiva de María Pita (2002). En su presentación en la Casa de Galicia de Madrid me animaron a contarlo todo, lo que era un reto, pues, aunque el episodio de La Coruña estaba relativamente cubierto por la historiografía local, nadie se había dedicado a las operaciones de Lisboa y al resto de la expedición. Así, aparcando la novela, opté por la pura investigación. Ahora el motivo era descubrir al detalle qué había pasado en Portugal y en el viaje de vuelta. Los archivos, la localización de documentos inéditos, el tocar con las manos cartas que leyó Felipe II, o banderas ganadas en combate, el desentrañar, letra a letra y palabra a palabra, grafías ilegibles… me fascinaron como un imán a un niño. El motivo fue, definitivamente, relativizar la versión oficial de la historia, poner sobre la mesa hechos inapelables y ofrecer historiografía española que iluminase lo que la inglesa dejó en la oscuridad. Diez años después vio la luz Contra Armada.Ahora es más fácil escribir la novela, el guion cinematográfico o la serie sobre María Pita.

Curiosamente los españoles conocemos mucho mejor nuestros fracasos que nuestras grandes gestas militares, como la conseguida frente a la Contra Armada de Drake.  ¿Cómo explicarlo?

Gran pregunta. Esto está directamente relacionado con el imperio español. Para poder explicarlo, hemos de entender su singularidad. Por un lado, entender que fue algo inédito, un auténtico gran estallido, una expansión planetaria a la velocidad de la luz que nadie sabía que podía hacerse, y ni siquiera por dónde. Algo que deslumbró y generó fascinación y envidia en tal grado, que hasta produjo una suerte de género literario, la propaganda antiespañola, mecanismo de autodefensa del resto de Europa, que empezó a excretar al unísono narraciones, fábulas y mitos antihispanos a la desesperada, inspirados frecuentemente en la literatura religiosa sobre las penas y torturas del infierno. Por otro lado, hay que entender que el imperio duró mucho tiempo. No es sólo la conquista, la apertura de rutas y la fundación de ciudades del siglo XVI; es también que, a principios del XIX, la primera divisa mundial era el real de a ocho, de curso legal en EE.UU. hasta 1857 y origen del dólar. Además, seguíamos aún siendo la primera potencia territorial del planeta. Esto no lo digo para recordar viejas glorias, sino para entender hasta qué punto la propaganda antihispana fue necesaria y estuvo de moda durante siglos.

Por otro lado, hay que entender que el imperio se hundió estrepitosamente, y cómo lo hizo. No por una agresión externa directa –que siempre supo rechazar–, sino por una revuelta interna organizada en gran medida desde Europa y que contaba, como pieza fundamental, con la demonización de los españoles. Por lo tanto, aquel antiguo género literario antiespañol, que nunca dejo de estar vigente, se potenció ad infinitum. Así, la América española importó mitos antihispánicos a gran escala (igual que lo importó todo, endeudándose, una vez interrumpido el comercio interno español), que en realidad pretendían, y pretenden, asegurar y mantener su fragmentación. La idea era que los españoles eran moralmente malos, tenían un pasado espantoso, y la pertenencia a España era perjudicial. Este producto de consumo, diseñado para fragmentar y pauperizar la rica América española, llegó inevitablemente a la pequeña España, que no pudo evitar su importación. Así, se ha creído ella misma, a su vez, que es mala, como una niña pequeña si se lo repites muchas veces. De este modo, neutralizada y ensimismada, culpabilizada a causa de su pasada grandeza, no se acuerda de sus victorias, y sí de sus derrotas. Pero esto no solo se aplica a la guerra, sino a todas y a cada una de las manifestaciones humanas.

En algunos medios de comunicación, creemos que exageradamente, señalan que el objetivo de la Contra Armada era la invasión de España. ¿Fue así realmente?

La Contra Armada tenía tres objetivos muy claros: el primero y fundamental era la destrucción de la Gran Armada, que estaba siendo reparada en Santander; el segundo la toma de Lisboa, entronizando a don Antonio, el prior de Crato, un primo bastardo de Felipe II que le disputaba el trono portugués; y el tercero la toma de las Azores y la captura de la flota de Indias. Sus pretensiones eran, por tanto, atacar España e invadir Portugal y las Azores. Pero hay que pensar que en ese momento España y Portugal estaban unidas bajo el mismo rey, y la invasión de Portugal equivalía en este sentido a invadir España. De hecho, afluyeron tropas de refuerzo a defender la capital de Portugal desde otras partes de la península. En resumen, la Contra Armada no pretendía invadir territorialmente España, pero sí atacarla, invadir Portugal, acabar con la unidad ibérica y atentar contra la presencia hispánica en el mundo.

¿Podemos asegurar la historicidad de María Pita o es un personaje legendario?

Mayor Fernández de la Cámara y Pita, que ha pasado a la memoria popular como María Pita, no solo es un personaje histórico, sino que además contamos con una gran cantidad de información sobre su vida, debido particularmente a su longevidad y a los muchos pleitos por herencias en los que intervino. A esto último ayudó la implantación de la Real Audiencia de Galicia en La Coruña en 1579, siendo ella una adolescente que, junto a su hermana mayor, ayudaba a su madre en una pequeña tienda. La hermana se casó con un tonelero, ella con un carnicero, Juan Alonso de Rois, con el que tuvo su hija María; eran de extracción humilde. En pocos años la muerte, omnipresente en el XVI, se llevó a su madre y a su marido. Pero el amor también juega, y María Pita se casó dos años después con otro carnicero, Gregorio de Rocamonde, el cual, otros dos años más tarde, y sin darle descendencia, murió defendiendo La Coruña poco antes de que ella misma matara al alférez, en una acción que ha pasado a la historia. Este hecho es recogido en la documentación histórica, y por él se le dará sueldo militar en plaza de cinco escudos y otras prebendas, que más tarde ampliaría. Pero María Pita, treintañera y viuda por segunda vez, debe abrirse camino en aquella ciudad heroica, devastada y convertida en plaza militar, y vuelve a encontrar el amor, esta vez con un oficial de la armada de origen vasco, Sancho de Arratia, que le dará su segunda hija, Francisca. Amor romántico, entre distintos estamentos, pero amor en tiempos de guerra, pues muere tres años después. Y aún se casaría –por cuarta vez– con Gil de Figueroa, escudero de la Real Audiencia y “señor de vasallos”, con el que tendrá sus hijos Juan y Francisco, y al que también sobrevivirá. Ya anciana, y tras una vida de película, era un personaje celebrado en La Coruña.

¿Cómo es posible que los ingleses hayan elevado a la categoría de héroe a piratas y corsarios protagonistas de auténticas masacres, incluso en tiempos de paz, como Drake y Morgan?

La Inglaterra de Isabel I ha sido sometida a un intenso proceso de mitificación posterior. El propio Drake se convertirá en un ídolo nacional con posterioridad a su muerte. La amoralidad propia de la piratería será directamente ignorada, o revestida de un halo de justificación si se realiza contra la todopoderosa España, que será sometida, debo insistir, a un proceso de demonización directamente proporcional a tal justificación. Pero la realidad es que, imposibilitada para mayores empresas, Isabel I atacó a España en tiempos de paz a través de piratas, y no había otra cosa que mitificar. Sobre Morgan, de espeluznante biografía por sus saqueos, ha florecido también un mito romántico, novelístico y hasta cinematográfico, basado en la celebración de lo que se consideró un gran logro. La excepcionalidad inglesa y la propaganda antiespañola, ya muy asentada y con siglos de tradición, ayudó a construir un relato espontáneo y sin interferencias, que eliminó todo lo superfluo para crear un mito positivo de poder, o de libertad, en el que reconocerse.

¿Qué supuso para Drake y para Inglaterra, y también para España, la derrota de la Contra Armada?

Los hombres que participaron en la Gran Armada supieron desde el primer instante el grave riesgo que comportaba el jugárselo todo a una carta en el Atlántico, pues en caso de temporal o derrota quedaban Flandes, Portugal y las Indias a riesgo de perderse. Y ese caso se produjo. Por eso fue tan crítico el momento en que lanzó su ataque Isabel I. Un éxito de la Contra Armada hubiese hecho factible la penetración angloholandesa en la América de Felipe II, y sobre todo Brasil correría grave peligro de revertir a corto plazo en manos inglesas. Efectivamente, le habría dado a Inglaterra una ventaja enorme en la guerra, tras el fracaso previo de la Gran Armada, y hubiese conllevado su emersión como nueva potencia y el probable colapso de la flota de Indias. Sin embargo, su completa derrota le dio a España el tiempo y la voluntad para fijar definitivamente su presencia en el mundo, que ya se mantendría hasta la emancipación, siglos después, de los nuevos estados hispanos.

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