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La vía de la plata. Columna vertebral de la Hispania romana

Fue la segunda columna vertebral del sistema de caminos que los romanos impusieron en la Península Ibérica. Esta vez por occidente, el oeste.

La Vía de la Plata seguía la antigua senda tartesia del estaño, comunicando la que era capital de la provincia de Lusitania, Emerita Augusta (la actual Mérida), con Asturica Augusta (Astorga, en León), también colonia romana, situada mucho más al norte. Esta ruta la utilizaron los romanos para avanzar hacia el norte en su afán conquistador.

Esta amplia calzada romana continuaba hasta Sevilla por el sur y hasta Gijón por el norte a través de la Vía Carisa, otro vial impulsado por el general Publio Carisio con la intención de unir los asentamientos militares de la zona leonesa con la cántabra. La difusión de la Vía de la Plata, por la que transitaban soldados, viajeros, comerciantes y mercancías, se configuró como una gran ruta que permitió la difusión de la cultura romana y la dominación de parte del territorio hispano.

La Vía de la Plata y una confusión

La Vía de la Plata, a pesar de su nombre, nunca fue un camino de circulación de comercio argénteo. Tal denominación se debe, como en otras ocasiones, a una evolución popular por una confusión fonética.

Incluso el propio cartaginés Aníbal Barca, en el año 220 a. C., anduvo este camino para conquistar la ciudad celtibérica de Helmantica (Salamanca), con el probable objetivo de controlar el comercio del estaño. Ya en en las guerras lusitanas (durante los siglos ii y i a. C.), este itinerario resultó clave como instrumento militar para personajes de la talla de Viriato y Julio César. Emperadores como Tiberio, Trajano y Adriano mejoraron el camino.

En la Vía de la Plata construyeron los romanos una colonia fortificada, Capera (la actual Cáparra), de entre cuyos restos destaca el majestuoso arco tetrapilón, de nueve metros de altura, cuatro pilares y otros tantos arcos, que merece la pena observar tras una magnífica restauración. El arco de Cáparra compone una impresionante estampa en medio de la campiña cacereña, entre ruinas romanas y encinas.

El viajero se alegrará de ver otros vestigios de la ciudad: la calzada, las calles de trazado rectilíneo, los restos de tiendas, comercios y mesones que se abrían a ambos lados de la Vía de la Plata para dar servicio a los viajeros. Este camino aún daba mayor importancia estratégica a Mérida, porque eso hacía que en la colonia romana de Extremadura confluyeran los caminos secundarios que desde Córdoba y Lisboa llegaban a la Meseta y el Ebro.

A lo largo de los siglos, la Vía de la Plata continuó usándose por diferentes pueblos como visigodos, árabes y cristianos durante la Edad Media. Sirvió como camino de peregrinación hacia Santiago de Compostela desde el sur, uso que todavía se mantiene. Así, hasta bien entrado el siglo xix. Casi nada.

Pese al inexorable paso del tiempo, siguen en pie algunos tramos de la calzada romana, así como casi doscientos miliarios (es la calzada romana de Europa que mantiene el mayor número de los mismos) que servían para marcar distancias, notables puentes como el de Mérida sobre el Guadiana o Alconétar sobre el Tajo, paisajes de indudable interés medioambiental como Sierra Morena, Cornalvo o Monfragüe, y el testigo de ciudades consideradas Patrimonio de la Humanidad como Mérida, Cáceres o Salamanca.

Las características de esta histórica vía no diferían del resto de las calzadas romanas al uso, como la más célebre de Hispania, la Vía Augusta. Para la construcción de esta gran obra de ingeniería se excavaba el terreno hasta que alcanzara un nivel firme que servía de drenaje y asiento de las capas superiores constituidas por tierra y piedras para obtener una estructura sólida. Al final se colocaba un empedrado de grandes losas que pavimentaban el camino y le daban forma.

La antigua Vía de la Plata romana se ha transmutado en la actual Ruta de la Plata, que une las ciudades de Gijón y Sevilla a través de las carreteras N-630 y la A-66. Una asociación constituida por ciudades ubicadas en el itinerario del camino promueve ahora el valor histórico y turístico del mismo. Esta ruta discurre por cuatro regiones y siete provincias en un eje norte-sur de ochocientos kilómetros. Pasa por lugares con mucha historia como Plasencia, Hervás o Carmona.

Desde finales del siglo xx, la Vía de la Plata es objeto de revalorización como uso turístico y cultural y la labor de las distintas administraciones se está centrando en poner en valor un itinerario con un gran patrimonio histórico, artístico, etnográfico, cultural y natural. 

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