Juicio y asesinato de José Antonio

Pedro Fernández Barbadillo

A finales de octubre de 1933, en el discurso fundacional de Falange Española, José Antonio pronunció las palabras que siempre se le echan en cara por parte de los izquierdistas para culparle de incitar a la violencia: «Bien está la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Después, cuando se ofende a la justicia y a la patria, no hay más dialéctica admisible que la de los puños y las pistolas».

Semanas antes, en septiembre de 1933, Largo Caballero, ministro del Gobierno de la República hasta el día 12 de ese mes, declaró a Renovación las siguientes incitaciones a la violencia: «¿En qué se diferencia el Partido Socialista del partido comunista? Doctrinalmente, en nada. Nosotros profesamos el marxismo en toda su pureza». «¿Llegar al socialismo dentro de la democracia burguesa? ¡Eso es imposible!». «Yo no sé cómo hay quien tiene tanto horror a la dictadura del proletariado, a una posible violencia obrera. ¿No es mil veces preferible la violencia obrera al fascismo?». «El socialismo tendrá que llegar también a la violencia máxima para desplazar al capitalismo». «Estamos a las puertas de una acción de tal naturaleza que conduzca al proletariado a la revolución social». Pero para la «memoria histórica» los violentos son los falangistas… ¡que todavía no existían!

Una vez asesinado, el cuerpo de José Antonio fue arrojado a una fosa común en la sacramental de Florida Alta en Alicante, junto a otros dos falangistas y dos carlistas fusilados con él. La embajada británica reclamó al Gobierno del Frente Popular una prueba de la muerte del caudillo falangista, debido a la insistencia de Elizabeth Bibescu. Esta era hija del político liberal Herbert Henry Asquith y era el amor secreto de José Antonio. Como no se había redactado certificado de defunción, se exhumó por primera vez el cadáver ante el juez Federico Enjuto y un funcionario de la embajada. En 1938, el cuerpo se trasladó de la fosa común a un nicho del cementerio Nuestra Señora de los Remedios, también en Alicante. El 20 de noviembre de ese año, Franco comunicó desde Burgos a todos los españoles de la zona nacional el asesinato del jefe de la Falange.

El escritor Rafael García Serrano, falangista y alférez provisional, recogió una copla que cantaban muchos de quienes vestían camisa azul:

«Échale amargura al vino

y tristeza a la guitarra.

Compañero, nos mataron

al mejor hombre de España».

El 19 de noviembre de 1939, de nuevo se abrió la tumba de José Antonio, esta vez por los vencedores de la guerra, para realizar un impresionante traslado a pie hasta El Escorial, adonde llegó el féretro el día 30. Así describió la entrada el periodista Víctor de la Serna en el diario Informaciones: «Trae el féretro del Fundador el oro tostado de unas hojas de olmo caídas al paso por el viejo y húmero parque. Aún están calientes del último sol bermejo de las Españas y son el último calor para su cuerpo. ¡Amado sol de España, Dios mío, que él amaba tanto y bajo el cual aleccionó tantas veces!».

Fue inhumado al pie del altar mayor de la basílica del monasterio. Se colocó una lápida con su nombre, aunque el ataúd no se hallaba justo debajo, sino a un lado. El 31 de marzo de 1959, la víspera de la inauguración del Valle de los Caídos, José Antonio fue exhumado por cuarta vez para trasladarle al que se esperaba su destino definitivo. Se le colocó en el mismo lugar en el altar mayor de la iglesia de la Santa Cruz (correspondió al papa Juan XXIII elevar el templo a la condición de basílica).

Ahora, la familia Primo de Rivera ha decidido exhumar por quinta vez a José Antonio, para que el Gobierno socialista no humille a su familiar, como hizo con Francisco Franco. Joaquín Leguina, primer presidente de la Comunidad de Madrid (1983-1995), ha sido de los pocos miembros del PSOE que ha criticado las leyes de «memoria» elaboradas por sus correligionarios y hasta ha defendido a José Antonio (declaraciones a la cadena de televisión 7NN el 20 de octubre pasado): «Ha habido una reconciliación nacional. Acabemos con esto. Y ahora quieren desenterrar también a José Antonio Primo de Rivera. ¿Pero qué pasó con José Antonio Primo de Rivera? ¿Murió de pulmonía? Murió fusilado tras un juicio impresentable». En la España del PSOE, la «memoria democrática» y las autonomías, los vivos no dejan a los muertos descansar en paz.

Si Indalecio Prieto fue el español que más veces escapó de España para no responder por sus delitos y rebeliones (1917, 1930, 1934 y 1938), José Antonio Primo de Rivera, después de haber sido asesinado, es el español cuyo cuerpo más veces se ha exhumado. Unos mueren y otros se «exilian» para disfrutar del botín robado. ¡Y la izquierda diciéndonos quiénes son las víctimas y los verdugos, los buenos y los malos!

(Fragmento del artículo publicado en el número 10 de nuestra revista. Para leer más, haz click a continuación).

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4 comentarios

  1. ESPORÁDICAMENTE COMPROEJEMPLARES E HISTORIA Y RELIGIÓN DE «LAUS», gran servicio a la verdad histórica, al amor a España y todo documentado, tanto en artículos como en reportajes. Algo impagable hoy día con tanta falsedad sobre la verdad histórica, más si se trata de religión católica o patriotismo español. Vuestras dos revistas son muy necesarias. Dios os bendiga.

  2. Dios mio qué miedo vivir en un marasmo de mentiras, corrupción y vilipendio de los auténticos, de los patriotas y los correctos. Mi dolor junto a este hombre de mirada franca, serena y sin doblez. Al margen de políticas, guerras y traiciones ¡Viva José Antonio!

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