ISIDORO DE SEVILLA Y LA TRADICIÓN DE LAUS HISPANIAE

 

Juan Pablo Perabá & Javier Martínez-Pinna.

Además de sus Etimologías destacamos en su abigarrada producción literaria su Hispania, una colección de cánones conciliares y epístolas episcopales, cuyo contenido y universalidad de planteamientos la convierten en una obra de gran relevancia por la influencia que tuvo en siglos posteriores. En De fide catholica contra Iudaeos, escrita poco antes de su muerte, se muestra partidario, en un tiempo en el que era habitual la violencia contra los judíos, de promover la conversión mediante la palabra y no por la fuerza. Otra de las obras que realiza con la idea de potenciar la formación del clero son las Sentencias, escritas entre los años 612 y 615 (en el momento de máximo apogeo intelectual y pastoral) y que, con el tiempo, se convertirá en su trabajo más leído durante la Edad Media. Por encima de todas queremos resaltar la Historia de regibus Gothorum, Vandalorum et Suevorum, en la que desarrolla un tema que después retomará alguno de los miembros más destacados en la historia de la literatura española como Francisco de Quevedo; nos referimos al Laus Hispaniae, un elogio de las tierras y riquezas hispanas: «Eres, pues, Oh, España, rica de hombres y de piedras preciosas y púrpura, abundante en gobernadores y hombres de Estado; tan opulenta en la educación de los príncipes, como bienhadada en producirlos. Con razón puso en ti los ojos Roma, la cabeza del orbe; y aunque el valor romano vencedor, se desposó contigo, al fin el floreciente pueblo de los godos, después de haberte alcanzado, te arrebató y te armó, y goza de ti lleno de felicidad entre las regias ínfulas y en medio de abundantes riquezas».

Esta última obra es de una gran importancia, pues representa un cambio sustancial en la concepción de la historia de Hispania, antigua provincia romana entendida ahora como una unidad política e histórica separada de la universalidad del Imperio; es decir, una entidad nacional provista ya de unidad política y religiosa. El pueblo godo es, según la mirada de nuestro autor, el que ha logrado proporcionar a Hispania la grandeza que le es propia, constituyéndola como sujeto histórico diferenciado de cara al futuro, y desligándola de la idea de Roma eterna que intentaba representar el imperio bizantino. De hecho, esta idea es precursora de lo que a partir de ese momento sería común a toda la historiografía hispana.

 

FRAGMENTO DEL ARTÍCULO PUBLICADO EN EL NÚMERO CERO DE LA REVISTA LAUS HISPANIAE

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