El origen del reino de Castilla

 

Augusto R. de la Rúa

La caída del Reino visigodo de Toledo y la ocupación musulmana de la Península iban a originar el nacimiento de una serie de pequeños reinos, condados, marcas y núcleos de resistencia cristianos contra los invasores llegados de África. Uno de estos reinos fue Asturias, del que nacerían más tarde otros, entre ellos Castilla. Veamos cómo nació Castilla, el reino que llegó a crear un imperio.

La muerte del rey visigodo Witiza en 710 o 711 provocó una guerra civil entre los partidarios de Agila y los de Rodrigo, que se saldó con la derrota de este último en la batalla del Guadalete, en julio de 711, y la ocupación del reino visigodo por parte de los musulmanes, que habían sido llamados por los partidarios de Agila para ayudarles a derrotar a Rodrigo.

Los visigodos se retiraron hacia el norte en busca de refugio contra el ejército acaudillado, en un principio, por Tariq ben Ziyad y por Musa ben Nusayr, y más tarde por Abd al-Aziz, hijo de Musa. La conquista musulmana fue rápida: en 722 apenas quedaban dos reductos de resistencia cristianos, en los Picos de Europa: el núcleo astur y el cántabro.

Los primeros se habían organizado en torno a Pelayo, cuya procedencia es aún un misterio. Posiblemente formó parte de la guardia real de Rodrigo y, tras ser prisionero, tal vez en Córdoba, escapó hacia el norte. En 718 ya se había ganado a los rebeldes astures y, a partir de ese momento, comenzó a incordiar a los musulmanes, hasta el punto de que estos organizaron una expedición de castigo que, tras una serie de escaramuzas de resultado favorable, fue derrotada por Pelayo y su menguado contingente en Covadonga. Sí, Covadonga, ese episodio que muchos tratan de menospreciar y tachan de «mito fundacional» del nacionalismo español, pero que supuso un punto de inflexión, ya que se trataba de la primera vez que los musulmanes eran derrotados. Esta victoria no sería la única, ya que, poco después, Munuza, el gobernador musulmán de esa zona, fue derrotado en Olalíes, tal vez Proaza.

Por su parte, el núcleo cántabro resistía bajo el mando del dux Pedro, que se había retirado a las montañas tras ser derrotado en Amaya por Tariq en 714. Allí entabló contacto con Pelayo y ambos colaboraron contra las tropas enemigas, forjando una alianza que culminó con el matrimonio entre Ermesinda, hija de Pelayo, y Alfonso, hijo de Pedro. Pelayo se estableció en Cangas de Onís, que se convirtió en la capital de un reino emergente.

Los musulmanes, mientras tanto, tal vez pensando que aquellos «asnos salvajes» terminarían siendo derrotados de una u otra forma, centraron sus esfuerzos en avanzar contra el reino de los francos. El valí o gobernador de al-Ándalus, al-Gafiqi, cruzó los Pirineos, Burdeos y Tours, pero fue derrotado en Poitiers por Carlos Martel. Desde entonces, los musulmanes desistieron de conquistar el reino franco.

(Fragmento del artículo publicado en el último número de nuestra revista. Para seguir leyendo, pincha a continuación).

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