EL GRAN CAPITÁN. EL MAYOR GENIO MILITAR DE LA MODERNIDAD

Pedro Fernández Barbadillo

Durante dos siglos, la infantería española, los Tercios, dominaron los campos de batalla de Europa. Establecieron la hegemonía militar de la Casa de Austria y derrotaron a todos los enemigos de ésta, desde los franceses envidiosos a los alemanes luteranos. Desaparecieron cuando Felipe V, como parte de sus planes de reforma, sustituyó el tercio como unidad militar por el regimiento, lo que ocurrió en 1704, durante la Guerra de Sucesión, aunque eso no acarreó la pérdida de las virtudes militares de los soldados españoles…

… Después de unos años de tanteos y escaramuzas, las virtudes y la clarividencia de Fernández de Córdoba dieron sus frutos en la victoria de Ceriñola (28 de abril de 1503), en la que el español aplastó a las tropas francesas, después de que los arcabuceros derrotaran a la caballería pesada. Al año siguiente, los franceses abandonaron el reino de Nápoles por el tratado de Lyon (1504). El andaluz alcanzó la cima de su prestigio al ser nombrado por los Reyes Católicos virrey de Nápoles.

El mariscal británico Bernard Law Montmogery califica así al Gran Capitán en su obra Historia del arte de la guerra:“El hombre que primero reconoció la potencialidad táctica del arcabucero, el soldado de infantería equipado con un arma de fuego, y quien primero lo integró en un sistema táctico afortunado, fue Gonzalo de Córdoba. (…) Llegó a la conclusión de que la clave del éxito estaba en los arcabuceros, y, de acuerdo con ello, aumentó grandemente su número. Los equipó con los arcabuces más modernos llevando además cada hombre una bolsa con balas, una mecha, material de limpieza, una baqueta y pólvora en unos tubos colgados de la bandolera. Estaban armados además con una espada y protegíanse con un casco, pero escasamente llevaban otra armadura corporal. Juzgaba Gonzalo que un número suficiente de arcabuceros sólidamente atrincherados podían contener el asalto de cualquier número de ballesteros, piqueros o caballería, exactamente como hicieran los arqueros ingleses armados con el arco largo.”

Sus sucesores mantuvieron su táctica. La batalla de Bicoca (1522), librada por parte española por Fernando de Ávalos, marqués de Pescara, y Prospero Colonna, “fue la vindicación total de su nuevo sistema”: los arcabuceros derrotaron a la mejor infantería de Europa, los piqueros suizos. Se cuenta que las tropas francesas y suizas sufrieron al menos 3.000 bajas, mientras que las españolas sólo tuvieron un muerto y debido a la coz de una mula. Tres años más tarde, en Pavía, los arcabuceros, mandados por Antonio de Leyva, otro veterano de las guerras de Granada, y, de nuevo, Ávalos, derrotaron a los franceses y capturaron a su rey, Francisco I. En esta ocasión, los arcabuceros no se limitaron a esperar la carga enemiga detrás de protecciones, sino que maniobraron en campo abierto, rodearon el flanco enemigo y diezmaron la caballería francesa con rápidas descargas. A partir de entonces, y durante más de un siglo y medio, los tercios españoles, en colaboración con una excelente armada, dominaron los campos de batalla de Europa.

FRAGMENTO DEL ARTÍCULO PUBLICADO EN EL NÚMERO CERO DE LA REVISTA LAUS HISPANIAE

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