EL EMPECINADO. UN HÉROE AHORCADO COMO UN BANDIDO

Federico Romero, administrador de Divulgadores de la historia.

La vida del Empecinado no es un caso aislado en nuestro pasado, sino un ejemplo más de cómo, a veces, los protagonistas más destacados de nuestra historia son maltratados, olvidados y desprestigiados. No encontramos mejor forma de comenzar este artículo que recordando las palabras que Benito Pérez Galdós dedicó a este gran héroe de la guerra de Independencia: “Poseía en alto grado el genio de la pequeña guerra, fue el Napoleón de las guerrillas, no hubo otro en España ni tan activo, ni de tanta suerte… Al estallar la guerra se había echado al campo con dos hombres, como Don Quijote y Sancho Panza, y empezando por detener correos, acabó por destruir ejércitos”.

Juan Martín Díez nació el 2 de septiembre de 1775 en Castrillo de Duero (Valladolid). Era hijo de labradores. Es importante hablar de su lugar de nacimiento porque de ahí le viene su sobrenombre. A los naturales de ese pueblo se les llamaba “empecinados” por la pecina, un lodo oscuro que contiene el arroyo Botijas, que atraviesa ese pueblo. A los dieciocho años, en 1793, se inició en el ejército alistándose como voluntario contra los franceses en la campaña del Rosellón, que se prolongó hasta 1795. A pesar del desastroso resultado para las armas españolas de esta campaña, Juan Martín obtuvo una valiosa experiencia militar y, posiblemente, su aversión hacia los franceses.

En 1796, ya licenciado del ejército, se casó con Catalina de la Fuente, que vivía en el pueblo de Fuentecén (Burgos). Allí se instaló como labrador hasta que la invasión francesa cambió su vida para siempre. Napoleón, erróneamente, contaba con el apoyo del pueblo para hacerse con el poder en España y desplazar a los borbones del trono. Planeaba instalar en él a su hermano, que reinaría con el nombre de José I. Ya antes del 2 de mayo de 1808, cuando el pueblo de Madrid se rebeló contra el ocupante francés, habían tenido lugar múltiples incidentes que mostraban el rechazo popular hacia los ejércitos napoleónicos, fundamentalmente por el hondo patriotismo del pueblo y por el comportamiento abusivo que demostraban los ocupantes en las poblaciones donde se asentaban como guarniciones. En Fuentecén, el pueblo en el que vivía Juan Martín Díez, una muchacha fue violada por un soldado francés. Nuestro protagonista, acompañado por sus hermanos y amigos, persiguió a caballo a los franceses, dio con el soldado y lo ejecutó en venganza por su delito. Esta fue la causa que motivó que se echara al monte.

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