CATALANES Y ESPAÑOLES II: JACINTO VERDAGUER

 

José Antonio Bernaldo de Quirós

Jacinto Verdaguer i Santaló (1845-1902) , sacerdote católico, es el más apreciado poeta catalán del siglo XIX, por obras como L’Atlàntida Canigó. Es considerado una figura esencial de la Renaixença catalana, por su constante defensa de la lengua y la tradición catalanas. Su obra literaria está escrita exclusivamente en catalán, aunque sí escribió numerosa correspondencia en castellano.

Aunque hoy es corriente que en medios catalanes se le llame Jacint, su verdadero nombre era Jacinto, y así se le llamaba en su tiempo. No solo firmaba así todas sus cartas, sino que incluso lo afirma textualmente en cierta ocasión: “En Pitarra es deia Serafí, jo em dic Jacinto” (carta a Cosme Vidal, 18-II-1896. En Verdaguer, I, p. 1101). También era corriente que le llamaran mosén Cinto, y frecuentemente él se autodenomina con este apelativo en su correspondencia. Por ejemplo: “Quan escrigues a algú més, digues: “Recados a en Cinto”, i ja quedaré content” (Verdaguer, I, p. 700. Víd. también, pp. 313, 320, etc.).

Verdaguer era muy consciente de que su misión era luchar por el catalán. Por dos razones: una personal (era su lengua materna) y otra social (la situación de desventaja en que se encontraba frente a las demás lenguas romances):

“Algún crítico de los varios de aquende y allende el Pirineo, que de pasada o con alguna detención se ha ocupado de mi poema La Atlántida, casi me ha lanzado el reproche de no haber escrito en verso castellano lo que yo no podía pensar sino en mi lengua materna, que por espacio de más de tres siglos ha sido, sin merecerlo, como la cenicienta de las lenguas neolatinas” (carta a Francisco Díaz Carmona, traductor de La Atlántida al castellano, fechada el 27-IX-1883. En Verdaguer, I, p. 868). 

“La ploma mateixa se me n’ha anat a escriure en català, i seguesc en la mateix llenguatge, que és lo que Déu m’ha donat i m’ha ensenyat la mare, que al cel sia” (carta a Claudi López, 6-IX-1884. En Verdaguer, I, p. 893).

¿Su evidente preferencia por el catalán le suponía algún conflicto con el empleo del castellano? Ninguno en absoluto. Verdaguer era perfectamente bilingüe, y empleaba con naturalidad el castellano en sus relaciones con españoles no catalanohablantes. Asimismo, se conservan también un buen número de cartas en castellano, dirigidas a amistades como Menéndez Pelayo y otros. Y en repetidas ocasiones manifiesta su aprecio por la lengua de Cervantes o de los místicos carmelitas Santa Teresa y San Juan de la Cruz.

El catalanismo militante de Verdaguer tampoco le suponía ningún conflicto con la integración de Cataluña en España. Verdaguer consideraba que Cataluña era una sola, dividida políticamente en Cataluña francesa (El Rosellón y la Cerdaña) y Cataluña española: “la Catalunya de part dellà del Pirineu quedà de França, i la de part d’ací quedà d’Españya” (Verdaguer, L’aucell del paradís, 1867, en Verdaguer, I, p. 407. Cfr. También Verdaguer, I, p. 131). En ningún momento menciona Verdaguer la posibilidad de una Cataluña separada del resto de España. El “error histórico” fue que la parte francesa de Cataluña dejara de formar parte de España en su momento. En una carta a Claudi López (28-IX-1880) dice: “en contemplación de las infinitas bellezas que Dios sembrara en mi querida Cataluña, rasgada en mala hora por un rey a quien poco costara” (en Verdaguer, I, p. 811), juicio un tanto injusto contra Felipe IV, que tuvo que ceder el Rosellón y la Cerdaña a Francia precisamente porque los catalanes, con su sublevación de 1640, favorecieron la entrada francesa en Cataluña. En otro lugar lo atribuye a la sagacidad francesa: “Con verdadero gusto he leído su bella traducción de mi leyenda Canigó. Nadie mejor que usted podía traducir una obra dedicada a los Pirineos catalanes, y en especial a la más hermosa de sus montañas, que la política sagaz de Richelieu arrancó a la corona de España” (carta al conde de Cedillo, octubre de 1897. En Verdaguer, I, p. 1151).

Verdaguer, por tanto, reconoce por encima de todo su catalanidad, pero sin que esto le suponga ningún conflicto con su españolidad, a la que se refiere repetidas veces. Pondremos algunos ejemplos significativos:

“Lo que no m’ha agradat, com pots pensar, és la trista descripció que em fas de les coses d’Espanya. Déu tinga compassió d’ella i de nosaltres” (carta a Jaume Collell, 3-VIII-1875. En Verdaguer, I, p. 730).

 “Ahir vespre arribàrem a esta [San Petersburgo]. Estava plovent a semalades, cosa a què els rusos estan avesats, mes que, per a nosaltres, los españyols, és una novetat” (Verdaguer, I, A vol d’aucell, 1884. En Verdafuer, p. 96).

“Los plans de Tolosa i tot lo migdia de França era cobert d’un vel de boira blanca, como si l’àngel d’Espanya l’abrigàs amb ses ales, perquè nostres ulls no s’hi entretinguessen i nostre cor espanyol i català s’empleàs tot sencer per nosta amada patria”, Verdaguer, I, De Montgarri a l’Aneto, 1884. En Verdaguer, I, p. 146).

“En ella [una capilla de Nazaret] he pregat per a Espanya i he demanat al gran apóstol sant Jaume que no deixe minvar la fe en lo regne aon la portà.” (Verdaguer, I, Dietari d’un pelegrí a Terra Santa, 1885. En Verdaguer, I, p. 223).

 “solo usted puede darme un consejo, pues conoce mejor que nadie el mundo literario de nuestra España” (carta en castellano a Menéndez Pelayo, 29-VI-1885. En Verdaguer, I, p. 908).

“Déu te conserve i ens beneesca a tots i a nostra pobra Espanya” (carta a Jaume Collell, agosto de 1886. En Verdaguer, I, p. 935).

“Ya que hemos perdido para siempre esa hermosa tierra [la Cataluña francesa], guardemos sus glorias, que glorias catalanas son, y por ende españolas” (carta al conde de Cedillo, octubre de 1897. En Verdaguer, I, p. 1151).

“La situació d’Espanya no convida a cantar; no obstant vull acabar mon salteri al Santíssim Sagrament” (carta a Agustí Vassl, 11-VI-1899. En Verdaguer, I, p. 1179).

No creo necesarios más testimonios.  Es evidente que Verdaguer se consideraba catalán, pero también español. Ser español no le causa ninguna incomodidad; y al contrario, en numerosas ocasiones manifiesta su identificación espiritual con España, como hemos visto.

Lo mismo ocurre en su producción literaria; por ejemplo, en su obra maestra (L’Atlàntida), que es un canto a Cataluña y a España. O en la LLegenda de Montserrat, donde considera a la Virgen de Montserrat “estrella d’Orient de tota Espanya” (Verdaguer, II, p. 230). De todas sus obras, la más “española” es Lo somni de Sant Joan, cuyo asunto es la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. De las cuatro partes de este poema, la segunda se dedica a figuras españolas, con este prólogo que anuncia el nacimiento en España de una nueva época para el mundo:

“Sent a Espanya un càntic dolç

que als serafins enamora

due ser eixida l’aurora,

puix canten los rossiyols.”

El libro se cierra con el poema Desvetllament, cuyos versos finales exaltan de nuevo la importancia de España en la devoción al Sagrado Corazón:

“Batrà el Cor de tot un Déu

al pit de la raça humana;

son realme será el món,

però son trono l’Espanya.”

Es la única vez en su trayectoria que el propio Verdaguer realizó la traducción de sus versos al castellano.

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