Nº 25 | Marzo 2026

5,50 

Contenido:

  • Entrevista a Juan Negreira
  • La División Azul (Carlos Caballero)
  • Legionarios en Rusia (Luis Togores)
  • Antonio de Nebrija (Javier Martínez-Pinna)
  • La batalla de Vélez-Málaga (Augusto R. de la Rúa)
  • Los valdinienses (Paco Álvarez)
  • La Secretaría de Cámara del Virreinato (Fernando Leyva)
  • La forja de un imperio (Marcos López Herrador)
  • Entrevista Marcos López Herrador

Al principio de su gobierno, Felipe González se atrevió a decir en público que la España que él encabezaba, la España progresista, era la España heredera de los españoles que habían desembarcado en Normandía para liberar Europa. Es la mayor falacia existente, ya que nunca hubo españoles que desembarcaran en Normandía el día 6 de junio de 1944.

El papel de los frentepopulistas exiliados españoles en la Segunda Guerra Mundial es igual a cero, y, sin embargo, hoy lo quieren presentar como un factor de legitimación para este bando político, al mismo tiempo que,    la inversa, pretenden criminalizar al máximo a la División Azul. La realidad es que la única presencia española en la Segunda Guerra Mundial digna de aparecer en los libros de historia —y de hecho, es la única que aparece— es la División Azul, pero su sentido se trata siempre de deformar.

La división azul no tiene más que una clave, y es su componente anticomunista. Es, en este sentido, una perfecta continuación de la guerra civil. Ningún español fue a Rusia esperando recibir tierras a cambio. Lo hicieron simplemente porque deseaban que el mundo dejara de padecer una plaga como el comunismo. Por eso es tan interesante su estudio. De la misma manera que hubo españoles luchando en Lepanto —que también nos pilla lejos— porque había que evitar la expansión del islam, hubo españoles luchando delante de San Petersburgo, en el Vóljof, porque había que evitar por todos los medios que el comunismo se extendiera por el mundo.

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